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Leche e inhibidores.
Dentro de los programas de control de calidad de la leche
utilizada como materia prima para obtener productos alimentarios,
existe un apartado que busca controlar sustancias que aunque no
son parámetros intrínsecos de la misma leche influyen directamente
en la calidad de la misma, tanto por su repercusión sanitaria como
tecnológica, y es el control de la presencia de antibióticos u otras
sustancias antibacterianas en la leche.
Estas sustancias son las conocidas en todo el sector lácteo
como inhibidores, y son residuos, o restos, de sustancias antibacterianas
que se administran a los animales enfermos como tratamiento contra
determinadas enfermedades infecciosas. Estos medicamentos administrados
a los animales pueden aparecer en la leche, o en la carne de esos
animales, según sea el tipo de medicamento y la vía de administración
del mismo.
El presente artículo se refiere al caso de la leche, y
el ejemplo más claro lo tenemos en los tratamientos administrados
para tratar determinadas mamitis, que se administran o se excretan
por vía mamaria, sin olvidar nunca los medicamentos que se utilizan
para tratar otros procesos y que se eliminan por la misma vía. Las
consecuencias de consumir leche con inhibidores y los motivos existentes
para evitar que los productores vendan leche que contenga estas
sustancias son los siguientes:
1) La presencia de medicamentos en leche, a dosis
superiores a las permitidas, está prohibida por la legislación sanitaria
europea, existiendo un apartado específico dentro de la legislación
para el caso de los inhibidores.
Esto quiere decir que están legisladas tanto la cantidad máxima
de ciertas sustancias medicamentosas en la leche como las sustancias
que no pueden estar presentes en la leche cuando se utilice para
la alimentación, con lo cual el rebasamiento de esos límites o la
presencia de sustancias prohibidas por la legislación constituyen
un delito contra la salud, y todo el mundo puede suponer las consecuencias
que esto conlleva: sanciones administrativas o penales, según sea
el tipo de infracción (sustancia, riesgo sanitario, reincidencia,
etc.).
Si este tipo de medicamentos aparecen en la leche esto será debido
a una mala práctica por parte de la propia granja que suministra
la leche, ya que cuando se administra un tratamiento medicamentoso
a una vaca, la leche de ese animal no debe utilizarse para el consumo
y por lo tanto no debe ser mezclada con la leche procedente del
ordeño de los animales no tratados hasta que el medicamento o su
residuo deje de excretarse por la leche.
En el caso de administrar algún tratamiento a un animal productor
de leche (igualmente será aplicable para la producción de carne)
hay que respetar siempre el periodo de supresión indicado para el
medicamento que se haya utilizado. Este periodo de supresión figura
en los prospectos de los medicamentos, debiendo consultar el ganadero
con el veterinario clínico que haya recetado el tratamiento para
evitar confusiones o dudas sobre el tiempo de espera. En todo caso
queda claro que la presencia de inhibidores en la leche es una responsabilidad
del ganadero.
2) Los inhibidores en la leche no desaparecen totalmente
ni con tratamientos térmicos ni con fermentaciones, por lo que si
se elaboran productos lácteos o leche tratada térmicamente a partir
de leches con medicamentos, los consumidores (que somos todos) estarán
ingiriendo los medicamentos.
Las consecuencias sobre la salud son variadas, desde la aparición
de reacciones alérgicas en personas sensibles hasta la formación
de resistencias en ciertos gérmenes a los antibióticos, pudiendo
surgir supergérmenes inmunes a los tratamientos normales que provoquen
infecciones difíciles de tratar por esta resistencia a los medicamentos.
Las consecuencias sobre la salud son más graves en aquellos sectores
de la población más débiles, como son las poblaciones anciana e
infantil, ambas tradicionalmente consumidoras de productos lácteos.
3) Paralelamente a las consecuencias sanitarias, la presencia
de inhibidores en la leche puede influir negativamente sobre los
procesos de elaboración de ciertos productos lácteos que necesitan
un crecimiento de bacterias beneficiosas que producen fermentaciones
necesarias para elaborar los productos, como son los quesos o los
yogures.
Si debido a los inhibidores que pueda llevar la leche no se produce
ese crecimiento bacteriano tendremos entonces la pérdida de la producción,
lo que lleva a asumir pérdidas económicas a los elaboradores de
productos lácteos.
Podemos ver que existen suficientes motivos para evitar
producir leche que contenga inhibidores, en un breve resumen se
pueden nombrar motivos legales (prohibición sanitaria), sanitarios,
tecnológicos y económicos.
A todo esto hay que añadir
un factor que pesa sobre la economía de los productores de leche,
y es que las industrias que compran la leche para elaborar sus productos
penalizan a los productores que vendan leche con inhibidores rebajando
el precio del litro de leche, hasta tres o más pesetas menos por
litro de leche, con consecuencias negativas sobre los ingresos de
los ganaderos.
Creo importante resaltar que
por encima de las consecuencias negativas sobre la economía, los
ganaderos dedicados a la producción de leche tienen que estar sensibilizados
sobre la mala influencia sobre la salud de las personas que acarrea
el consumir leche o productos lácteos con residuos de inhibidores,
para evitar que la leche procedente de animales tratados pase al
circuito comercial.
A la hora de luchar contra un proceso
infeccioso en los animales hay que buscar siempre los tratamientos
que menor periodo de supresión tengan, ya que la leche obtenida
durante los días en los que el medicamento se excrete por vía mamaria
no puede ser vendida para su aprovechamiento.
Las industrias lácteas disponen de
métodos rápidos de detección de antibióticos y sulfamidas
para controlar la presencia en la leche (los hay que dan resultados
en 10 minutos), con lo cual los fraudes se pueden detectar antes
de que la leche sea utilizada. Estos métodos también pueden ser
utilizados a nivel de las granjas por los ganaderos, o los veterinarios
que atiendan las explotaciones, para controlar la excreta de ciertos
medicamentos de los que no se disponga de la información adecuada
sobre el periodo de supresión.
La situación ideal sería aquella
en la que cuando los animales estén sometidos a un tratamiento,
la leche ordeñada de estos animales se separe de la leche procedente
del resto de animales no tratados hasta que se sepa con certeza
que se puede consumir, sin que existan restos de inhibidores. El
problema que se plantea a nivel de granja no es el de manejo, fácil
de realizar, sino el económico, ya que esa leche no entregada tampoco
es cobrada. Por lo tanto la solución pasa por la concienciación
de los productores y la colaboración entre ganaderos e industrias,
para conseguir acuerdos económicos que permitan beneficiar a las
industrias sin perjudicar a los productores mientras se va consiguiendo
el aumento en la calidad sanitaria de la producción láctea, cuestión
que va en aumento gracias al control lechero y a los esfuerzos que
realizan los ganaderos para modernizar sus instalaciones y mejorar
las condiciones sanitarias de su cabaña ganadera.
El mecanismo empleado por las industrias
de rebajar los precios de la leche si detectan alguna entrega con
inhibidores, aunque tiene un carácter coercitivo, funciona, ya que
la rebaja sobre el precio tiene un perjuicio económico importante
para el ganadero. Este método es empleado en otros países de la
U.E. desde hace años para impedir la venta de leche con inhibidores
y los resultados obtenidos son buenos.
A modo de ejemplo en la Bretaña
francesa el porcentaje de leche con inhibidores es inferior al 0,5
% anual, y los acuerdos anuales para fijar el precio de la leche
que se toman entre las industrias y los productores incluyen la
penalización por entrega de leche con inhibidores. La penalización
económica seguida este año es la siguiente: sobre un muestreo de
cada productor consistente en tres muestras de leche al mes, en
el caso de detectar inhibidores se aplica una reducción de 2,20
francos por litro sobre la entrega de leche que haya dado positiva.
Es importante destacar que existe la posibilidad de indemnizar la
mitad del valor de la leche perdida si el productor avisa a la industria
antes de la recogida en el caso de dudar sobre la presencia de inhibidores
a causa de un tratamiento farmacológico. En este caso la leche entregada
se separa del resto para evitar la mezcla con leche idónea. Es evidente
que los análisis son realizados por el Centro Interprofesional Lechero,
que actúa de un modo objetivo, y, por consiguiente, en el caso de
detectar inhibidores en leche este organismo registra los resultados
para que estén a disposición de las autoridades sanitarias veterinarias.
En España el mecanismo de control
se realiza por parte de los Laboratorios Interprofesionales Lecheros
existentes en las Comunidades Autónomas y por la toma de muestras
oficiales que se pueden realizar a nivel de explotaciones, pero
creo que sería importante que las industrias lecheras incentivasen
las prácticas de manejo adecuado de un modo similar a los acuerdos
que se toman en otros países para conseguir pronto los mismos resultados
que hay en otros países del mercado comunitario. Los consumidores
así lo exigen y la tranquilidad de los productores sobre la calidad
de su producción lo requiere. Marzo de 2000
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